14/10/13

DESPERTAR A LA EXPRESIÓN DEL MOVIMIENTO




Antes de entrar directamente en los factores que determinan la expresión del movimiento, es necesario despertar las sensaciones, las cuales serán el germen para el posterior encuentro con la expresión propiamente dicha. Nos referimos en principio, a las sensaciones propias del movimiento y otras anexas: kinestésicas, articulares, tendinosas, tónicas, táctiles, espaciales, visuales, auditivas, etc.

Ejemplificaremos una de las formas de abordar “El despertar a la expresión”

Sensibilización general

Los alumnos adoptarán una postura cerrada sobre si mismos y con los brazos reposando sobre el suelo. Estarán con los ojos cerrados. Se les pedirá que se concentren en el contacto que sus manos tienen con el suelo.
Se les propone que comiencen a deslizar las palmas y los dorsos por el suelo. Primero muy cerca del propio cuerpo y después llegando a la máxima amplitud. El resto del cuerpo inducido por los movimientos que realizan las manos en la búsqueda de espacio, colabora en una adaptación continua, transformando sus apoyos en relación al suelo a medida que el espacio se amplía.
En un momento determinado pediremos a los alumnos un silencio corporal.
Ahora centrarán su atención en los antebrazos, desarrollando la misma búsqueda de contacto con el suelo que han realizado con las manos.
Y así sucesivamente con los antebrazos, brazos, cabeza, espalda, pecho, vientre, muslos, piernas y pies. 

Durante este proceso se les ayudará con imágenes sugerentes que centren su atención en la zona sobre la que están investigando. Así por ejemplo y metafóricamente hablando, se les dirá que son como un ser cuyas antenas receptivas están en esa determinada parte, que por ella reciben del exterior y se conectan con él; es a través de esa antena como el resto del ser se acomoda y se reconoce.
A medida que el trabajo avanza, se le pedirá al alumno que vaya cambiando de forma continua los contactos de las diferentes partes del cuerpo con el suelo, sin estar ya centrados en una parte determinada, sino en la percepción del todo, en un fluir orgánico y armonioso de una parte a otra.

Esta sensibilización tiene un doble objetivo. Por un lado una interiorización del volumen íntracorporal (conciencia del volumen que ocupa el propio cuerpo, cuyo límite es la piel, siendo esta la que nos conecta con el espacio próximo mediante el movimiento) y por otro lado, de las sensaciones articulares y de movimiento que cada una de las partes del cuerpo ofrece a través de la relación que establecen con el espacio físico, tangible, que es el suelo. Es el primer contacto con el espacio próximo.

El siguiente paso podría ser, que establecieran lo que nosotros llamamos un “diálogo con el suelo”. Mediante los cambios de presión y de intensidad que el cuerpo puede ejercer contra el suelo: empujes, golpeos, abandonos, deslizamientos…, el alumno contacta con las sensaciones de peso y con los cambios en la intensidad muscular, cargando de sentido el movimiento, evocando imágenes que le conducen a la creación, estableciéndose una relación simbólica con el suelo, donde este va adquiriendo diferentes significaciones en función de las relaciones que el cuerpo establece con él.



 Fragmento del libro: Expresión Corporal - Arte del Movimiento - Mercedes Ridocci.