28/10/13

CORPORE IGNEO - vídeo realizado por Juan J. Bote Valero



Mi agradecimiento a Juan J. Bote Valero por este vídeo magníficamente realizado sobre la composición escénica

Córpore Igneo creada e interpretada por Mercedes Ridocci.

Con estas palabras define Juan J. Bote Valero esta obra.

"Desde las Cosmogonías griegas al descubrimiento del Big-Bang distan unos cuantos miles de año de existencia humana: “inteligencias a la misma altura quiero pensar ahora”. Todo se resume en el Fuego como elemento fundamental de la Creación; el universo, los planetas y la tierra, el hombre y el arte.
Fuego que inspira a mi amiga Mercedes Ridocci para crear esta performance, esta fusión íntima, como las llamas purificadoras en las que arden al unísono, música y conocimiento, danza y poesía, Amor y Vida."














ASI VEO YO SU OBRA Juan J. Bote Valero 10/2013"


Os invito a visitar su blog:









http://juanbote-fotografo.blogspot.com.es/2013/10/corpore-igneo.html

17/10/13

TEMPO Y SILENCIO - PULSO VITAL DEL MOVIMIENTO



 Edgar Willens, nos dice en su libro EL RITMO MUSICAL[1]: Cuando nosotros hablamos de tempo, no pensamos en general, en el que marca el metrónomo, tempo mecánico, sino en “el metrónomo interior”, más viviente. Este depende del estado de ánimo que regula y domina la continuidad del devenir musical.
Al igual que en el discurso hablado el silencio corresponde a una coma, a un punto y coma, a un punto; sin los cuales no tendría sentido el mensaje, lo mismo le ocurriría al movimiento si careciera de silencios. Es en el silencio cuando se remarca y proyecta la actitud, cuando resuena el eco del movimiento, donde se refleja el tiempo del que venimos y al que nos dirigimos, donde se escucha y se recibe a los demás.  


La definición de Tempo se refiere a la rapidez o lentitud con la que se desarrolla una secuencia rítmica o de movimiento. Sin embargo, su vivencia y la carga emocional que el tempo conlleva no se encuentra en la velocidad, sino en el ánimo que le suscita al intérprete. La transmisión emocional que conlleva siempre dependerá de la vida interior del que lo ejecuta.
Podemos por ejemplo, escuchar una pieza musical con un tempo perfectamente estructurado, o ver a un bailarín ejecutar sus movimientos manteniendo adecuadamente el tempo, y sin embargo no nos “toca el alma” ¿qué es lo que pasa?
 Ocurre que no han conectado con la pulsación emocional que el tempo encierra en sí mismo. Se han limitado a ejecutar su pieza como si fueran el metrónomo, se han limitado a medir.
El metrónomo es una máquina, el ser humano no. El metrónomo mide, por el contrario el tempo vivido, vibra, emociona, “toca el alma”, conecta con la emoción subterránea que esconde la mera matemática, responde a la subjetividad del ejecutante, sea este actor, bailarín, escritor, etc.


No podemos hablar del tempo sin hacer referencia al silencio.
Si en el lenguaje musical, los silencios son los tiempos en el que cesa el sonido, los silencios en el movimiento son los tiempos de parada que manifiestan una actitud determinada.


Tempo y silencio

Los alumnos comienzan a caminar por la sala en cualquier dirección. Se les pide que encuentren la continuidad en los pasos, creando de esta forma unidades de movimiento en el ligado de uno a otro.
Seguidamente se les propone que el tempo sea más bien lento. Cada uno de ellos irá encontrando el suyo propio, pues éste es subjetivo, podríamos decir que hay tantos tempos como personalidades.
Les diremos que se observen unos a otros hasta encontrar un tempo común, lo que exigirá a cada uno de los alumnos ralentizar o acelerar el propio.
El tempo común es el punto de encuentro del grupo, lo que genera en sí mismo un ánimo compartido.

El profesor comienza a marcar en el pandero unidades sonoras con el tempo que el grupo ha ido encontrando. Una vez afianzado, les dirá que cada cuatro unidades sonoras introducirá dos de silencio. Así pues, darán cuatro pasos y manifestaran a través de un sonido vocal determinado los dos tiempos de silencio, de tal modo que “el silencio corporal” siga sonando al unísono en el grupo.
De este modo se irán desarrollando diferentes números de unidades de sonido y silencio. A medida que avanzamos en el ejercicio y el tempo se interioriza, las unidades de silencios ya no sonarán vocalmente, sino que la inmovilidad y el silencio se darán de manera absoluta.
El desplazamiento cesa pero el tempo no, el aliento que lo sostiene resuena en el silencio. 
Las sensaciones producidas por la interiorización del tempo irán provocando tanto en los desplazamientos como en los silencios, actitudes corporales que reflejan el sentir.
Es en este momento cuando el profesor cesa de marcarles el tempo  siendo ellos mismos quienes lo sostengan a través de sus largos o cortos silencios seguidos de largos o cortos desplazamientos, irradiando los sentimientos que subyacen en el tempo creado y vivenciado por la experiencia grupal. 
Se buscará el encuentro tanto en los silencios como en los desplazamientos. Por ejemplo, alguien que se desplaza se detiene ante otro que se encuentra en silencio, lo que suscitará una respuesta gestual que dependerá de la actitud que contiene el silencio del otro; quizá salgan juntos de su silencio desplazándose uno al lado del otro o cada uno tome una dirección diferente; quizá  uno se vaya y otro  continúe sumido en su silencio; quizá aparezca un tercero que pasa desplazándose y se lleva consigo al que se ha quedado en silencio; quizá todos coincidan en un silencio común; quizá solo se desplacen dos; quizá...
Las situaciones que se pueden dar son múltiples e inimaginables. Las imágenes, las sensaciones o los sentimientos a los que induce el tempo con el que están trabajando, con sus silencios y desplazamientos dará lugar a la creación de un clima común en el grupo.

Debemos tener en cuenta, que en principio la vivencia, las imágenes que provoca el movimiento con un determinado tempo no son para todos las mismas, pues esta depende del sentimiento e imaginario personal. Por esto, en un trabajo grupal y o dual, donde se pretende llegar a un clima común, es de gran importancia la escucha mutua, el dejarse impresionar por la manifestación del otro, el dar de uno, el recibir del otro. Sólo así es como el grupo podrá ir creando una comunicación real en el desarrollo del trabajo.

Este primer contacto con el tempo se realizará igualmente con un tempo rápido, vivenciando las diferentes connotaciones emocionales que cada tempo suscita tanto en el individuo como en el grupo.

Algunos comentarios de las alumnas sobre las significaciones que adquirió el trabajo sobre el tempo y el silencio

Ingrid- El tempo lento me potenciaba la escucha, cobraba mayor densidad y presencia y todo tenía mayor dimensión. Los silencios potenciaban aún más ese estado.
En el tempo rápido, la serenidad y frescor del tempo lento se convertía en nerviosismo, calor, ligereza, menos control y en las pausas más tensión.
Los tempos en pareja o en grupo, eran el encuentro con el tempo común creando una fuerte conexión y climas muy diferentes.
El silencio acentúa el movimiento del que vengo y al que voy. En grupo te da la oportunidad de sentir y escuchar más el clima creado por todos, el pulso interno común.

Marina- El silencio corporal es un silencio activo y radiante, es el mismo movimiento pasando a otro plano, sin detenerse. El silencio proyecta lo que circula dentro, lo latente. Y hasta muchas veces podríamos señalar su recorrido dentro del cuerpo.
Podemos entender entonces el silencio como parte del movimiento representando esa inmovilidad, expresiva.
Ofrece la posibilidad de que el tempo y el ritmo existan.

Carola- El silencio permite la expresión de la honda palpitación del espíritu. Posee un significado poético, hondo, arcano. Permite vernos y sentirnos a nosotros mismos, ver y sentir a los otros y así poder llegar a una común-unión, a un tempo y un latido común.


[1] El ritmo musical. Willens, E. Eudeba Editorial. Buenos Aires. 1964

Fragmento del libro EXPRESIÓN CORPORAL - ARTE DEL MOVIMIENTO - Mercedes Ridocci

14/10/13

DESPERTAR A LA EXPRESIÓN DEL MOVIMIENTO




Antes de entrar directamente en los factores que determinan la expresión del movimiento, es necesario despertar las sensaciones, las cuales serán el germen para el posterior encuentro con la expresión propiamente dicha. Nos referimos en principio, a las sensaciones propias del movimiento y otras anexas: kinestésicas, articulares, tendinosas, tónicas, táctiles, espaciales, visuales, auditivas, etc.

Ejemplificaremos una de las formas de abordar “El despertar a la expresión”

Sensibilización general

Los alumnos adoptarán una postura cerrada sobre si mismos y con los brazos reposando sobre el suelo. Estarán con los ojos cerrados. Se les pedirá que se concentren en el contacto que sus manos tienen con el suelo.
Se les propone que comiencen a deslizar las palmas y los dorsos por el suelo. Primero muy cerca del propio cuerpo y después llegando a la máxima amplitud. El resto del cuerpo inducido por los movimientos que realizan las manos en la búsqueda de espacio, colabora en una adaptación continua, transformando sus apoyos en relación al suelo a medida que el espacio se amplía.
En un momento determinado pediremos a los alumnos un silencio corporal.
Ahora centrarán su atención en los antebrazos, desarrollando la misma búsqueda de contacto con el suelo que han realizado con las manos.
Y así sucesivamente con los antebrazos, brazos, cabeza, espalda, pecho, vientre, muslos, piernas y pies. 

Durante este proceso se les ayudará con imágenes sugerentes que centren su atención en la zona sobre la que están investigando. Así por ejemplo y metafóricamente hablando, se les dirá que son como un ser cuyas antenas receptivas están en esa determinada parte, que por ella reciben del exterior y se conectan con él; es a través de esa antena como el resto del ser se acomoda y se reconoce.
A medida que el trabajo avanza, se le pedirá al alumno que vaya cambiando de forma continua los contactos de las diferentes partes del cuerpo con el suelo, sin estar ya centrados en una parte determinada, sino en la percepción del todo, en un fluir orgánico y armonioso de una parte a otra.

Esta sensibilización tiene un doble objetivo. Por un lado una interiorización del volumen íntracorporal (conciencia del volumen que ocupa el propio cuerpo, cuyo límite es la piel, siendo esta la que nos conecta con el espacio próximo mediante el movimiento) y por otro lado, de las sensaciones articulares y de movimiento que cada una de las partes del cuerpo ofrece a través de la relación que establecen con el espacio físico, tangible, que es el suelo. Es el primer contacto con el espacio próximo.

El siguiente paso podría ser, que establecieran lo que nosotros llamamos un “diálogo con el suelo”. Mediante los cambios de presión y de intensidad que el cuerpo puede ejercer contra el suelo: empujes, golpeos, abandonos, deslizamientos…, el alumno contacta con las sensaciones de peso y con los cambios en la intensidad muscular, cargando de sentido el movimiento, evocando imágenes que le conducen a la creación, estableciéndose una relación simbólica con el suelo, donde este va adquiriendo diferentes significaciones en función de las relaciones que el cuerpo establece con él.



 Fragmento del libro: Expresión Corporal - Arte del Movimiento - Mercedes Ridocci. 



3/10/13

ESTRENO: LA LAVANDERA, CÓRPORE IGNEO, ANGOSTURA



EL MOVIMIENTO ORGÁNICO, MÉTODO FUNDAMENTAL PARA LA EXPRESIÓN EN EL ARTE DEL MOVIMIENTO


EL CUERPO ORGÁNICO - FRAGMENTO DEL LIBRO "CREATIVIDAD CORPORAL"- MERCEDES RIDOCCI

El movimiento orgánico es aquél que fluye dentro del cuerpo sin trabas ni inhibiciones, conteniendo en si mismo una armonía natural.

Todos los animales, incluido el hombre, disponen de una anatomía que les permite una movilidad armónica, (observemos a un gato, a un caballo, a una mariposa, a una serpiente, a un gusano,...), todos, absolutamente todos, tienen tal belleza en sus movimientos, que si nos detenemos a contemplarlos, pareciera que nos encontráramos ante una verdadera obra de arte: es la danza del Movimiento natural, orgánico.

Y no solamente es bello, mejor dicho, es precisamente bello, porque en cada acción que realizan sus músculos actúan en la medida justa y necesaria, sin poner ni más ni menos tensión de la debida, adaptándose continuamente a lo que precisa cada situación. Cada músculo de su cuerpo “sabe” muy bien cuándo le toca tensarse y cuando relajarse, cuándo es impulsor protagonista o receptor que encadena para culminar la acción.

Si los matices de la intensidad que desarrollan los diferentes grupos musculares en cualquier acción corporal se tradujeran en sonido, escucharíamos una bella sinfonía, en ésta, al igual que en el entramado que se desencadena en el movimiento, se sabe cuáles son los instrumentos que deben actuar y aquellos que deben silenciar. Cuáles los que deben suceder o acompañar al instrumento protagonista-s. Cuándo al unísono, deben actuar o silenciar. Cuándo superponerse. Cuáles deben ser sus intensidades, sus timbres,...

La organicidad es intrínseca a todo fenómeno natural. Así podemos observar como los vientos y las fuerzas gravitatorias, impulsan a las hojas de los árboles, a los campos de trigo, a los aguas de los ríos, creando con los diferentes sonidos que sus movimientos generan una musicalidad que nos impacta.

De la misma manera, dependiendo de la intensidad, de la duración, de la calidad y de la dirección que tomen los impulsos en el movimiento corporal, así también será la rítmica que de él se desprenda.

Como he apuntado anteriormente, por naturaleza, el movimiento en el ser humano también debería ser orgánico, pero debido a diversidad de factores tanto físicos como psíquicos, poco a poco éste se va perdiendo, el cuerpo se encuentra rígido o demasiado laxo, descompensado.

Disponer de un cuerpo orgánico es fundamental para todo aquél que lo desee utilizar como instrumento expresivo. Esta es la razón por la cual siempre dedico la primera parte de la clase a trabajar sobre ejercicios cuyo objetivo es el encuentro con la organicidad del movimiento y los infinitos recorridos con que este se desarrolla dentro del cuerpo y en relación al espacio.*

El cuerpo orgánico debe ser un cuerpo sin bloqueos, liberado de cualquier tensión que le impida sentir el mas mínimo recorrido de movimiento; debe ser un cuerpo equilibrado, fuerte y flexible; debe ser un cuerpo sensible, capaz de ajustar su tono corporal ante diferentes situaciones; debe ser un cuerpo receptivo a cualquier estímulo interno o externo, capaz de impresionarse ante el mas mínimo movimiento, ante el mas absoluto silencio, capaz de sentir y crear a través de su movimiento los ritmos mas musicales.



* Las bases orgánicas del movimiento han sido descritas en el libro: Cuerpo en armonía -leyes naturales del movimiento- J. Benito Vallejo. INDE Publicaciones. Barcelona 2000